Azúcar glasée
Cayendo vilmente en la vulgaridad y puesto que nadie visita mi elitista blog tendré que adecuarme a las peticiones del vulgo, porque el vulgo es Roma y quien controla el vulgo controla Roma. Y el vulgo pide hablar sobre los placeres de Venus, la ingente caterva de ignorantes que pueblan las calles ansía saber sobre la vida amorosa y sexual de los que le rodean. ¿Por qué? muy sencillo; porque a veces, las más de ellas, son cortos de miras.
¿Qué decir sobre mí relacionado con este aspecto? Ciertamente no conozco el verdadero significado del sintagma amor correspondido porque nunca me han amado, así que tampoco tengo mucho más que decir que un niño de diez años. Bueno, vale, sí que puedo decir algo más. Puedo retorizar sobre mi pasada tristeza y desasosiego, sobre mis antiguas torturas mentales pensando en aquella chica de aquí o la de más allá, sobre mis retorcimientos mentales y los buenos augurios imaginados por mi mente enfermiza. También puedo hablarles sobre mi actual estado de supremacía intelectual y la resultante tranquilidad amorosa en la que me encuentro. Y es que lo que tenga que llegar ya llegará y no vale la pena andar complicándose los días con algo que, por ahora, no echo de menos por la sencilla razón de que nunca lo tuve. Quizás algún día pueda pensar que no soy capaz de gustar o de poner caliente a una damisela, y me preocupa, pero no tiene más trascendencia que un breve momento de debilidad interna.
Ahora que lo recuerdo, cuando tenía unos siete años una chica me intentó llevar por el mal camino, el de la lujuria y el sexo desenfrenado. Nuna se lo había contado a nadie, así que ya se pueden sentir privilegiados. El caso es que esta bondadosa niña un par de años mayor que yo había encontrado en la habitación de sus padres un libro sobre sexo con posturitas y tal. Ya sabemos todos que el hombre actúa por mímesis, y la dulce niñita no encontró nadie mejor que yo para mimetizar los conocimientos de aquel libro. Así, mientras nuestros padres estaban en el comedor nosotros dos no encerrábamos en su habitación a fornicar con dudosos resultados. Ya me dirán: ella todavía no tenía la regla y yo no sabía ni lo que tenía entre las piernas. Sólo sé que cuando intentaba introducir mi pueril miembro en su cavidad entrepiernil (porque ella me guiaba) a mi me dolía horrores. Y desde entonces no he tenido más contacto sexual con mujeres hasta hace poco, cuando introduje mi lengua en la boca de otra persona por primera vez. Es triste besar por primera vez a los diecillueve, pero más triste es de robar.
Sé que no se creerán ni una sola palabra, y no porque no sea convincente, sino porque soy tan encantador que parece imposible que haya estado desaprovechado tantísimos años. Pero les juro por el Estix que es tan cierto como que Roma leído de derecha a izquierda es amoR.
Abandonado por la Citerea se lamenta el padre de los dioses y los hombres.
¿Qué decir sobre mí relacionado con este aspecto? Ciertamente no conozco el verdadero significado del sintagma amor correspondido porque nunca me han amado, así que tampoco tengo mucho más que decir que un niño de diez años. Bueno, vale, sí que puedo decir algo más. Puedo retorizar sobre mi pasada tristeza y desasosiego, sobre mis antiguas torturas mentales pensando en aquella chica de aquí o la de más allá, sobre mis retorcimientos mentales y los buenos augurios imaginados por mi mente enfermiza. También puedo hablarles sobre mi actual estado de supremacía intelectual y la resultante tranquilidad amorosa en la que me encuentro. Y es que lo que tenga que llegar ya llegará y no vale la pena andar complicándose los días con algo que, por ahora, no echo de menos por la sencilla razón de que nunca lo tuve. Quizás algún día pueda pensar que no soy capaz de gustar o de poner caliente a una damisela, y me preocupa, pero no tiene más trascendencia que un breve momento de debilidad interna.
Ahora que lo recuerdo, cuando tenía unos siete años una chica me intentó llevar por el mal camino, el de la lujuria y el sexo desenfrenado. Nuna se lo había contado a nadie, así que ya se pueden sentir privilegiados. El caso es que esta bondadosa niña un par de años mayor que yo había encontrado en la habitación de sus padres un libro sobre sexo con posturitas y tal. Ya sabemos todos que el hombre actúa por mímesis, y la dulce niñita no encontró nadie mejor que yo para mimetizar los conocimientos de aquel libro. Así, mientras nuestros padres estaban en el comedor nosotros dos no encerrábamos en su habitación a fornicar con dudosos resultados. Ya me dirán: ella todavía no tenía la regla y yo no sabía ni lo que tenía entre las piernas. Sólo sé que cuando intentaba introducir mi pueril miembro en su cavidad entrepiernil (porque ella me guiaba) a mi me dolía horrores. Y desde entonces no he tenido más contacto sexual con mujeres hasta hace poco, cuando introduje mi lengua en la boca de otra persona por primera vez. Es triste besar por primera vez a los diecillueve, pero más triste es de robar.
Sé que no se creerán ni una sola palabra, y no porque no sea convincente, sino porque soy tan encantador que parece imposible que haya estado desaprovechado tantísimos años. Pero les juro por el Estix que es tan cierto como que Roma leído de derecha a izquierda es amoR.
Abandonado por la Citerea se lamenta el padre de los dioses y los hombres.


6 Comments:
pero tú estás enamorado actualmente?
pues no, ¿por qué? ¿quién eres?
Vaya por lo visto, tu articulo rosa ha causado revuelo, un anónimo misterioso.
Sera una admiradora secreta???
Dúdolo, blanca de ojos de novilla.
yo sí que sabía la historia de la niña, así q de primicia nada... ya he vuelto!!!
NATALIA!!!!!!!! Por fin has volvido, te echábamos de más... lo de la primicia lo dije porque es algo que no voy contando por ahí, sólo a las amistades más allegadas...
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