Introducción al detectivismo avanzado
Curso de iniciación
La noche era húmeda. Excidium dibujó un ocho por entre mis pies, fregando su inmenso cuerpo peludo contra las perneras de mi viejo pantalón negro. Dio tres vueltas y finalmente se detuvo a limarse las uñas en mis zapatos. Era un gato tonto y gordo, siempre andaba con los ojos medio cerrados, como discerniendo cuestiones graves e inabarcables. Cuando acabó de desgastarme aún más los sucios cordones me miró y habiendo cesado el ronroneo maulló.
-Lo sé. Se retrasa.
Saqué un cigarro y la caja de cerillas del bolsillo derecho de mi gabardina. Apoyado contra la pared y bajo la luz de la farola empecé a fumar. Excidium se sentó entonces sobre sus patas traseras y cerró los ojos a esperar, como una figurilla de esas que se venden en los bazares orientales. Yo incliné mi sombrero levemente hacia delante, de manera que mis ojos quedaban tapados para un hombre de mi misma altura o mayor. No lo hacía por nada en especial, simplemente porque me gustaba, me daba un aire de misterio ciertamente agradable. Pensándolo bien la baja neblina que cubría aquel oscuro callejón conmigo allí plantado fumando bajo una farola y un gato gordo a mis pies era una escena harto curiosa. Me gustaba mi trabajo; cuando aquel imbécil llegara y se encontrase con todo el cuadro que había montado ya me habría hecho la mitad de la faena meándose de miedo. O al menos eso creía. Al cabo de poco apareció tambaleándose como el cojo desgraciado que era, se le había oído llegar hacía por lo menos dos manzanas. Arrastraba su pie izquierdo haciendo ruido, torpemente, yo me encendí otro cigarro.
-Para ser un confidente no eres muy discreto, ¿no crees? -ironicé.
-Chúpame la polla, guaperas.
-¡Eh! Tranquilízate… -parecía que no estaba demasiado asustado -o mi gato se verá obligado a propinarte una buena paliza.
-Él también puede chupar si quiere -ciertamente no estaba asustado. Intentaba mirarme a los ojos pero yo los mantenía ocultos bajo el sombrero, había visto ya demasiadas veces su asquerosa cara y preferí fijar la vista en sus manos, siempre era más prudente.
-Dime, ¿tienes la información que te pedí?
-¿A ti qué te parece? Seré cojo pero aún sirvo para algo, maldito detective comemierdas.
-Nadie lo duda, Freddy. Nadie lo duda. ¿Verdad que no, Excidium?
-Miau… -dijo con total sinceridad. Su grave y ronco maullido resonó por todo el callejón. El chivato se quedó allí plantado, esperando que le diera su recompensa por haberme traído la información.
-Supongo que quieres lo tuyo -metí la mano en el bolsillo interior de la gabardina y saqué un sobre cerrado. Él hizo lo propio. Cuando metió la mano en su bolsillo pude ver entre los papelajos una pistola.
-Así me gusta guaperas, toma tu maldita información.
Le entregué su sobre y el me entregó el mío, entonces le miré a la cara. Parecía satisfecho.
-Gracias, Freddy. Siempre puedo contar contigo.
Sonreí y le guiñé un ojo, casi burlonamente. Él se percató de que pasaba algo.
-¿A qué viene eso?
-¿El qué?
-Esa maldita mirada, ¡joder! ¿Te crees que soy ciego?
-¿Mirada? Yo no te he hecho ninguna mirada. Vayámonos Excidium, este hombre tan simpático ya nos ha dado el regalito.
Hice ademán de irme, pero el muy bruto (e inconsciente) me cogió de la gabardina por el cuello con una mano mientras con la otra abría el sobre cómo podía. Cuando, harto de pelearse con el papel, abrió el sobre de un mordisco y vio su contenido me lanzó una mirada que no auguraba nada bueno para él.
-¿Qué rayos significa esto?
-¿El qué? -dije aún con la sonrisa en la cara, me lo estaba pasando pipa.
-¡¡No juegues conmigo!! ¡¿Dónde está el maldito dinero?!
-¿No está en el sobre? -apenas podía contener la risa.
-¡¡Maldita sea!! ¡¡No me provoques, guaperas!!
Hablaba entre dientes, sin subir demasiado la voz pero con histeria. Me cogió con las dos manos y me zarandeó con violencia. Yo intenté tranquilizarlo.
-Tranquilízate, Freddy. Suéltame.
-¿Que te suelte? ¡¿Que te suelte?! ¡¿Dónde está mi dinero?!
Finalmente me soltó y entonces me amenazó con su dedo índice.
-Dime dónde está mi m…
-Tranquilo -le interrumpí mientras me colocaba bien la gabardina -todo tiene explicación.
-Eso espero, por tu bien.
-Verás, Freddy. El dinero no lo he traído, no lo he podido conseguir. En cambio te he traído eso que tienes ahí.
Él arrugó la foto de Excidium que tan bien me había quedado y la tiró al suelo mientras me miraba amenazadoramente. Desagradecido.
-Siempre tienes que complicarlo todo, Freddy –añadí jocoso. Ahora venía lo mejor, sacó la pistola que llevaba en el bolsillo y me apuntó con ella.
-Devuélveme el sobre; si no hay dinero, no hay sobre.
-Vamos, hombre. Necesito esa información, ¿no puedes hacer la vista gorda por esta vez?
-¡No!
-Guau, qué contundente… -acercó el cañón aún más a mi pecho.
-El sobre –insistió.
-Vale, vale, no te pongas así, hombre.
Metí la mano en el bolsillo interior de la gabardina donde, además del sobre, guardaba también un artículo de aquellos de broma que dan calambre. Parecía estúpido pero la experiencia me había enseñado que era mucho más útil que cualquier otra cosa. Cuando el pobre cojo desgraciado fue a coger el sobre se llevó tal susto que apenas vio venir mis nudillos contra su cara. Había pegado muchos puñetazos desde aquel día en que, con apenas quince años, me estrené con mi propio padre, y os aseguro que mis derechazos eran especialmente efectivos. Freddy cayó al suelo con la nariz rota, intentó coger la pistola pero yo ya la había mandado lejos de una patada. Entonces le apunté con la mía, que había mantenido escondida en mi mano izquierda todo el rato.
-¿Cómo? ¿De dónde has sacado esa pistola?
-¿Buen truco, verdad? La podía haber llevado tranquilamente en el bolsillo pero así causa más impresión. Devuélveme el sobre, anda.
-Tú y tu estúpido gato me las vais a pagar. –propuso mientras me devolvía el sobre.
-Tirado en el suelo y con un arma que te apunta nunca fue una buena posición para hacer amenazas.
-Chúpame la polla, guaperas.
Fin del curso de iniciación.
El detective sempiterno de lo mortal y lo divino se marcha lupa en mano.


1 Comments:
jajaja...buena esta la historia...interesante
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