De musicibus
Los antiguos decían muchas cosas, que para eso estaban dotados del don de la palabra, pero entre muchas de las cosas que decían yo me quedo con una: "hola puta" Uhm... creo que no era así... en cualquier caso los antiguos consideraban los músicos gente sabia, los veneraban y los respetaban. El dios de la sabiduría, de la belleza, del orden; Febo Apolo, el flechador, era un músico de cojones. Yo soy un músico de cojones. Yo no soy como aquellos tíos calvos que afinan la harmónica con las orejas, ni como aquellos otros que sienten predilección por las vizcas. Yo soy un músico hecho y derecho. Vale, no he estudiado música en mi vida, no soy capaz de reproducir cuatro notas seguidas de memoria, tengo un oído pésimo... ¿y qué? eso hace mi arte más meritorio, eso precisamente convierte mis manos en maestras y mis interpretaciones se tornan mucho más significativas. Es como el simio que aprende que para matar un jabalí de punzantes colmillos lo tiene mucho más fácil si usa una arma que si le mete una paliza a puñetazo limpio, se cansará menos. Vamos, digo yo. El caso es que en este blog encontraréis a un tipo (yo) que es estudiante de filología clásica y que os desea a todos feliz navidad, y me importa un bledo que sea junio, si Movistar puede hacer un carnaval ahora yo puedo hacer una navidad también.
Con la compañía de Carlinhos Brown les habló el padre Zeus portaégida.
Con la compañía de Carlinhos Brown les habló el padre Zeus portaégida.


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